jueves, 13 de marzo de 2014

El azúcar y las grasas.

Hoy queremos hablar sobre el azúcar y las grasas.


El azúcar.



Debemos tener en cuenta que hay mucho azúcar añadido en los zumos, en algunas salsas, en ciertos tomates fritos, en el ketchup, en determinadas conservas, en panes, en empanadas, en platos pre-cocinados e incluso en la bollería baja en grasas.
Conviene estar bien informado de los riesgos del azúcar y de donde se esconde. “Nuestro cuerpo está preparado para absorber azúcar, y de hecho, la glucosa es necesaria.” También es verdad que en ciertos refrescos a lo mejor te estas bebiendo seis cucharadas soperas de azúcar y no lo sabes, y es un azúcar que se absorbe muy deprisa y que no tomas como alimento.

Se puede vivir sin añadir azúcar de mesa, conocida como sacarosa. También se puede emplear alguno de los múltiples edulcorantes alternativos: la lista es variada, la industria emplea cerca de 40 distintos y sigue ampliando el catalogo. El último fue la Stevia, una planta edulcorante, que se aconseja a los diabéticos.
Pero vale la pena ser cauto en la sustitución del azúcar, ya que muchas alternativas también son azúcares calóricos y perjudiciales cuando su uso es excesivo. El jarabe de maíz de alto contenido en fructuosa, por ejemplo, una cucharada equivale a seis de azúcar.

Las grasas.



La grasa es un componente fundamental en la barrera entre el interior acuoso de nuestras células y el exterior.
Aun así, la idea de que es un enemigo sigue siendo común. Quizás sea por una cuestión estética, por la impronta que ha dejado la campaña contra el colesterol o por lo que cuesta deshacerse de ella. También puede que se deba a que la realidad es compleja y preferimos respuestas simples, pero este supuesto no es una opción para la ciencia.

Las células de la grasa segregan leptina, una hormona que se dispara cuando hemos ingerido suficiente y que avisa de que podemos dejar de comer. La grasa desempeña un papel relevante en relación con los procesos biológicos de la digestión.
Se ha avanzado mucho en el conocimiento del tejido adiposo: ahora se habla de la grasa mala, conocida como grasa blanca, y de la grasa marrón o grasa buena. La primera acumula la energía que no se gasta en el momento de digerir los alimentos. Por ejemplo; esa gran cantidad de azúcar que consumes con la tarta mientras te sientas en el sofá a ver una película. Pero la grasa marrón disipa energía, y eso es positivo. De hecho, se estudia cómo convertir la grasa blanca en marrón, para combatir la obesidad.

Según estudios, en su justa medida la grasa de los alimentos naturales no tienen por qué dar problemas.
Eso sí, la grasa visceral, la que se acumula en la zona de los michelines, no ha dejado de ser un indicio de riesgo. El proceso para hacer grasas trans consiste en añadir moléculas de hidrogeno a aceites vegetales. Con ello se varía la estructura de los enlaces de sus moléculas, de forma que la nueva grasa adquiere una textura solida a temperatura ambiente. Es más manejable. Además, se puede calentar varias veces, es barata, aporta mucho sabor y permite alargar la vida útil de los alimentos. Esto es lo que beneficia a las industrias.

Para conseguir comer la energía justa es importante seguir una dieta rica en fruta, verduras, cereales integrales, legumbres y carne blanca.

* Las imágenes han sido tomadas de google.

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